La Mirada
Viernes, Octubre 26th, 2007
En la experiencia cotidiana, primaria, lejana de toda reflexión, la presencia del otro resulta enigmática. Está allí, delante de mi, y no se si es algo bueno o malo. La metafísica me dice que en tanto que existe es un bien; la antropología, que es poseedor de una alma espiritual; la ética, que es un ser con dignidad; y la religión, que es hijo de Dios. Sin embargo, aparecen en uno los temores. Temores que no son necesariamente infundados, que surgen del hecho mismo de que el otro no “está-allí” y nada más, sino que es un ser libre. Su presencia es una presencia libre, capaz de una respuesta no programada.
