Relato sobre un asalto
La mototaxi amarilla se alejaba mientras yo, tendido en el suelo, mantenía la cabeza entre la arena; cuando todo se volvió silencio, levanté la cabeza y miré la oscuridad. Hacía no menos de 15 minutos había tomado La misma moto para ir a ver a mi enamorada, por la misma ruta, por la misma carretera oscura que tantas veces, con la misma seguridad de siempre, confiando en el género humano y en Dios.
A los pocos minutos de haberlo abordado, el vehículo bajo la velocidad y otro, de color rojo, nos rebasó colocándose delante de nosotros. A los pocos metros ambas motos se detuvieron, dos hombres bajaron de la roja, y se acercaron con paso resuelto hacia mi mototaxi. Cada uno subió por un lado. Uno de ellos, de estatura media y contextura gruesa subió por el lado izquierdo gritando: -ya fuiste concha su mare, mientras me apuntaba un arma en la cabeza. El otro, más delgado, entró por la derecha, me arrebató los lentes y me pidió que le diera todo lo que tenía.
La mototaxi se volvió a poner en marcha. Yo, sentado en medio de ambos hombres, con el torso doblado hacia delante, y la cabeza mirando el suelo, iba vaciando mis bolsillos, y entregándole todo al hombre de la derecha; mientras el de la izquierda seguía haciendo presión con su pistola sobre mi cabeza, mientras decía –no me mires, concha su mare. Yo solo atiné a decir: -no se preocupe, soy miope y no veo nada. Mientras continuaba con la labor de vaciar mis bolsillos. Se fueron mi celular, mi billetera, mi usb (con el avance de mi tesis y algunos artículos a medio escribir) y quince soles que era todo mi capital. El hombre de la izquierda seguía gritándole al conductor-cómplice: piérdete, piérdete.
Dado mi sobrepeso, la postura resultaba incomoda para respirar. Gracias a Dios después de diez eternos minutos, el hombre de la izquierda gritó al conductor: para acá, para acá. Después, dirigiéndose a mí, me dijo: Entrega todo. Yo metí mi mano a uno de los bolsillos y saqué lo único que me quedaba, las llaves de mi casa. -solo tengo mis llaves- le dije mientras se las extendía. Me las devolvió; pero me pidió la casaca, me la saqué y se la dí.
-baja, me dijo. Bajé a un arenal iluminado solo por las luces de la moto. –Tírate al suelo –dijo el hombre del arma- que te voy a matar. Sin pensar ni en el pasado, ni en el futuro, ni en el instante que se vivía, con el pensamiento suspendido, me tendí en el suelo. Uno de los ladrones me tiró arena a los ojos, y sentí que la moto arracancaba. La mototaxi amarilla se alejaba mientras yo, tendido en el suelo, mantenía la cabeza entre la arena; cuando todo se volvió silencio, levanté la cabeza y miré la oscuridad. A lo lejos vi unas luces borrosas. Me levanté, sacudí la arena de mi ropa y mi cabello y me puse a andar.
Caminé hacia las luces y llegué a una avenida. En una esquina habían dos jovencitas y un chico. Me acerqué a ellos y les pregunté si había algún teléfono cerca. Me indicaron donde había un locutorio. Me atreví a pedirles una moneda para llamar pues, les expliqué, me acaban de asaltar. La más pequeña de las chicas, una jovencita de 14 años aproximadamente, señaló mis zapatos y me dijo, que suerte que no se los hayan quitado. Sonreí. Les pedí que me orientaran hacia donde tenía que caminar para llegar a mi casa, y amablemente los tres se ofrecieron a acompañarme.
Diana, la menor, caminaba a mi lado. Con esa curiosidad tan femenina y esa alegría tan juvenil, me preguntó ¿a qué se dedica?
-Soy profesor universitario.
-si, de qué
-Enseño filosofía
-¿Qué es la filosofía?, preguntó interesada, por lo menos no parecía una pregunta formal.
No era el mejor lugar para responder a esas preguntas, así que atiné a dar una respuesta de manual: la ciencia que estudia las causas últimas y los primeros principios, que trata de responder a preguntar como por qué existen las cosas, cuál es el sentido de la vida, por qué existe el mal, por qué…
No me dejó concluir y me repreguntó ¿Por qué existe el mal? Ya no se trataba de un lugar inadecuado, sino de un momento inadecuado para la pregunta. Pero, ¿no es labor del filósofo dar respuesta al preguntar? O por lo menos intentarlo. Quizá su pregunta era para hacer más llevadera la caminata, quizá no. Pero la pregunta estaba allí, lanzada a la existencia, y ameritaba una respuesta. -¿Crees que la vida es justa?, pregunté.
-No siempre, respondió Diana.
-¿Entonces es injusta?
- Le acaban de robar, respondió pícaramente.
-La vida es un corazón que late –le dije, recordando algo que había escrito en una libreta personal- un torrente sanguíneo que corre raudo, un impulso ciego que todo lo vivifica o –paradójicamente- todo lo destruye. La justicia, al igual que el amor y la felicidad, no pertenecen al ámbito de lo vital, sino del espíritu, y como todas las realidades del espíritu dependen del concurso de la libertad. La justicia es algo que uno libremente pone en el mundo y en su vida, no es algo que uno encuentra. Incluso en medio del mundo más cruel, la esperanza humana pende de este don: que el hombre puede hacer crecer un ámbito espiritual allí donde todo parece perdido.
Ignoro si me entendió. Para mis adentros seguí pensando: en esta línea debe ir la necesidad de 10 justos para salvar Sodoma. Caminábamos en medio de la oscuridad. ¿Qué piensas estudiar? Le pregunté mientras empezaba a rezar interiormente. Llegó el momento de separarnos, le agradecí la compañía. Me dirigí a la casa de unas amigas para pedirles me presten un teléfono. Hice todas las llamadas que ameritaban la situación. A los minutos llegó mi enamorada. La abracé y me sentí en paz.
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Diciembre 18th, 2008 at 1:00 am
Carlos que momento tan dificil te toco vivir, pero Dios que es grande te protegio y regalo la vida..,
La deseperanza y la necesidad material lleva al hombre por muchos caminos dificiles y peligrosos, ellos requieren de mucha oración …estan cegados por vicios y habitos negativos… Dios les dio en su libertad unos caminos .. diria Agustita “torcieron su camino” …
Cuidate y que esto te de una lección… lo material se recupera …. la vida es una y hay que llevarla muy cerca a Dios
Diciembre 25th, 2008 at 1:03 pm
Me alegra que estes vivo, por un momento temi perderte. Cuidate más, te quiero.
Diciembre 26th, 2008 at 7:29 am
La verdad nunca pensé que había sido tan fuerte lo que te había pasado, sobre todo lo de apuntarte con un arma…
Me cuesta mucho creer que haya gente (si se le puede llamar gente) que esté dispuesta a matar por 15 soles o 1000… Y seguramente sin el más mínimo remordimiento.
Te robaron por fiestas? Por las navidades? me pregunto: Para qué roban por estas fechas (más que de costumbre) será para que puedan juntar dinero para poder llevarles algún regalo a su familia? a sus hijos? y me sigo preguntando: se sienten bien al regalarles algo con dinero que no ha sido ganado dignamente? Ver las sonrisas de sus hijos con un juguete que costó el susto, el mal rato, el golpe, unos moretones, unas lágrimas o la muerte de alguien?
¿Cómo pueden sentirse estos ladrones después de esto? Quizá ni siquiera se lo pregunten, les dará igual.
Gracias a Dios que estás bien y que no ha pasado a mayores…