Antihumanismo

Cuenta Stefan Zweing, en su libro “Castellio contra Calvino” que a raíz del asesinato en la hoguera de Miguel Servet, al ser encontrado culpable de herejía por un tribunal calvinista, Castellio –en contra de la intolerancia del momento- afirmó que “matar a un hombre no será nunca defender una doctrina, será siempre matar a un hombre.”

He recordado esta frase al leer una entrevista que hace unos días se le hiciera al escritor Oswaldo Reynoso. En un momento determinado, Reynoso se refiere a Abimael Guzmán como un humanista porque “Era muy inteligente, con gran conocimiento de literatura, le agradaba la música, la pintura.” Considero que esta forma de entender el humanismo es falsa por superficial y trivial, y parece más propia de la mente perpleja de un estudiante de secundaria que concibe el movimiento humanista como una época en la que la gente pintaba, componía música, tenía un saber enciclopédico, e inventaba cosas; que de un escritor que pretenda pasar por intelectual.

Lo esencial del humanismo no era su interés por las artes y las ciencias, sino que esto era producto de algo mucho más profundo: la idea de que el hombre es portador de una dignidad tal que se convierte en la medida de todas las cosas, o en palabras de Pico della Mirandola: “hemos nacido en la condición de ser lo que queramos, que nuestro deber es cuidar de todo esto: que no se diga de nosotros que, siendo en grado tan alto, no nos hemos dado cuenta de habernos vuelto semejantes a los brutos y a las estúpidas bestias de labor.” E incluso en tiempos no tan lejanos, Levinas ha intentado ir más allá señalando que este cuidar de todo, se inicia con la toma de conciencia de la responsabilidad que cada uno tiene respecto del otro, configurando así lo que el autor lituano-francés llama un humanismo del otro hombre.

Nada de esto se encuentra en Abimael Guzmán, porque como todo marxista no considera al hombre como la medida de todas las cosas, sino que coloca por encima de este una férrea ley que subsume y anula las libertades individuales: la supuesta ley del desarrollo de la historia humana. Una ley en la cual la ética se diluye, y toda la labor de la libertad humana se centra en la realización de dicha ley. Todo delito individual –mentir, matar, robar, chantajear- se torna inimputable, mientras no se vaya en contra de la ley de la historia. Por eso, desde este punto de vista la violencia no solo no desmoraliza a quien la aplica, sino que puede llegar a producir un gran salto espiritual y moral, en la medida en que desempeña el papel de comadrona de la historia, a decir de Marx.La violencia “es el instrumento con el cual el movimiento social se impone y rompe formas políticas enrigidecidas y muertas” (Engels)

Es desde esta concepción espuria de la historia humana, que Reynoso puede afirmar que “Sendero y el MRTA son una etapa en el proceso histórico del país”, y por lo tanto su paso en la historia del Perú no es algo negativo, en la medida en que existen problemas en el País que no se han resuelto sino que se han agudizado. Frente a esto hay que recordar que los muertos sin sepulturas de la violencia terrorista, ponen de manifiesto que si Abimael era un humanista, era un humanista inhumano, o lo que es lo mismo, un humanista que fracasó. Hay que volver a Castellio, hay que volver al humanismo originario y señalar que matar a un hombre no será nunca defender una doctrina, será siempre matar a un hombre; que matar a un hombre no será nunca la solución de los problemas sociales, sino será siempre matar a un hombre; que matar a un hombre no es un proceso histórico, sino matar a un hombre. Matar a un hombre será siempre el fracaso de todo verdadero humanismo.

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