Belaunde sobre Blondel

Acabo de reencontrar, en una vieja libreta, las notas que hice del prólogo escrito por Víctor Andrés Belaunde  al libro de Gonzalo Villarroel: El ser, término del pensamiento crítico blondeliano. El libro, editado en 1961 por la Pontificia Universidad Católica del Perú, consta de 94 páginas, de las cuales las 4 de ellas (de la 7 a la 10) contienen el texto de Belaunde. Copio a continuación los textos de mi libreta por si a alguien le puedan servir.

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“[Blondel es el] último representante del espíritu cristiano en metafísica” (7)

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“Blondel con Bergson, con menos resonancia que éste, pero con idéntica majestad de vuelo en la idea y similares aciertos en la forma, ha encarnado la vuelta a los valores y a las esencias del espiritualismo cristiano” (7)

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“El conocimiento real no separa lo singular de lo general y contempla a las cosas en una unión estrecha. Tout se tient, dirá Blondel. Y no se pueden conocer los seres sin un conocimiento implícito del Ser por excelencia, y lejos de todo inmanentismo y afirmando por el contrario la trascendencia del ser supremo…” (8)

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“Blondel revive con modalidades modernas la hermosa tradición del espiritualismo y del realismo integral que venía de San Agustín. El mérito principal de la filosofía de Blondel en mi concepto estriba precisamente en este enlace con lo que Wilde, el gran comentador de Platón, llama “la gran tradición de la filosofía de Occidente”; inspirada en un realismo integral que nunca separó lo concreto de lo abstracto, que mantuvo la profunda unidad del espíritu en la función cognoscitiva así como en la acción y que, contemplando en el universo la realización de ideas o formas divinas, se elevaba a la existencia suprema de Dios, que explica y que anima el universo, pero que lo trasciende.” (8)

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“Contra el positivismo que redujo al hombre a simple resultante de causas externas, contra el existencialismo ateo que nos condena a una inmersión en las cosas y nos somete al imperativo de las circunstancias dejándonos apenas una sombra de libertad misteriosa y formal, Blondel erige su antropología descubriendo en el hombre, como característica esencial, una inquietud, una nostalgia de lo que no es y de lo que debía ser y de lo que debía sentir y producir, “y en ello estriba -tales son sus palabras-, el principio común del arte, de la ciencia, de la moralidad y de la aspiración religiosa”.

Hemos llamado nosotros a este elemento “sentido de trascendencia” que corresponde a la inquietud agustiniana, a la búsqueda de Dios de Pascal, a la limitación de Schleiermacher, al sentimiento de responsabilidad de Newman y, en cierto sentido, a la religación de Zubiri.

Este sentido de trascendencia, con la facultad de creación y de invención, constituye la verdadera personalidad del hombre, aquello por lo cual es imagen de Dios.” (8-9)

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“La facultad inventiva y del sentido de la trascendencia, características fundamentales del hombre” (9)

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“Las formas políticas y la propaganda democrática han desarrollado enormemente la voluntad de poder y todo ello redunda naturalmente en la disminución del sentido de trascendencia y en la utilización de las facultades inventivas del hombre al servicio de la voluntad de poder individual y colectivo.” (9)

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“…el conocimiento por connaturalidad que aceptaba Santo Tomás supera al simple conocimiento nocional o abstracto, y recuerdo yo mismo cuántos apuntes geniales de Santo Tomás permiten acercarlo a la intuición agustiniana y a la afirmación del sentido de la trascendencia en el hombre. Alguna vez me dijo el propio Maritain, exagerado sistematizador del tomismo, que deseaba jactarse de ser un tomista de inspiración agustiniana”. (10)

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